Dibujar sobre la arena, sobre el barro, con los dedos, con un palo, siguiendo el recorrido incisivo que va hiriendo la tierra, como una cicatriz tatuamos su superficie inestable. Con una varilla de metal la incisión es más profunda, y, mejor si no llueve. En este último caso, el tiempo nos regala algunas horas más de permanencia.
Dibujos que comienzan como un juego. Correr sobre la arena con una vara larga y sólida, donde el trazo manual es lo que importa, el ojo hará el último recorrido. No es seguramente una obra seria, pero sí sé, que es el dibujo más divertido y feliz que posiblemente surgió de mis manos. He pensado en más de una ocasión que seguramente el primer dibujo consciente de un ser humano comenzó como un juego, donde cada mano, pie o dedos, se convierten en un lápiz, o pincel, y el soporte pasa  a ser toda la extensa tierra.” Unidades de medida táctil: el pie, el codo, el pulgar, una mano…” como también nos cuenta  Georges Braque.
Aquí no tienen cabida las mediciones racionales, los espacios limitados.
La cuna del dibujo es de arena.

Texto perteneciente a: Anotaciones Circulares, escrito por: Virginia Garrosa Mayordomo

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