La mano que corre torpe tras el ojo, él siempre va más rápido. El cuerpo danza, se inclina, retrocede, la mirada ordena, no se detiene. A Degas le constaba dar por finalizados sus trabajos.

¿Preguntarle al ojo qué está mirando?

Las cosas son en apariencia siempre iguales.

Mirar los espacios donde la razón no llega, observando con los ojos de la emoción y el espíritu. Penetrar lo abierto, lo cerrado, lo sólido, lo intangible, lo grande, lo pequeño, lo cotidiano, lo excepcional, y dejarse penetrar por ello, sin pensar, sintiendo, sólo mirando.

Después de mucho mirar, a mi lápiz le creció un pie. Camina a saltos sobre el papel. Yo siento aún la cojera; me duelen los pies tras varias horas de trabajo. La mirada se pierde tras el cristal de la ventana.

¿Por qué resulta tan arduo aprender a ver? Miro, no sé si he visto.

Virginia Garrosa

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