Van Gogh tenía la esperanza de hacer algo que contuviese alma, embargado por el goce que encontraba en las cosas, y su relación entre ellas. Sabia ver en lo habitual algo de nuevo, no se limitaba a pintar las cosas tal cual eran, sino como las sentía. Horacio(65 a. C.-8 a. C.),  ya aludía a la visión, atendiendo a la emoción que nos provoca frente a otros sentidos. “Las cosas que entran por el oído, toman un camino más largo y conmueven mucho menos que las que entran por los ojos”.

“La ventana de una lagrima”*

Dibujos que contienen retales de corazón.

La expresión de un instante primigenio, tan genuina y maravillosa como la mirada de un niño que acaba de transformar un trozo de barro en la caricatura de un gato informe o un elefante bailando. El barro y la mirada se transforman, transforman.

El lápiz deja huellas donde nada existía. El papel deja de ser un simple papel. Algo mágico ha ocurrido.

 MENTIRAS MÁGICAS

Siempre hay algo de mágico en el dibujo de un niño, en la mano y el lápiz que recorre por puro azar una superficie. El pintor también puede ser un aprendiz de mago.

La magia en este campo no consiste en sacar un conejo de una chistera; eso es lo que debe evitar el arte.

*León Felipe

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